El Congreso de Vocaciones que se ha celebrado el fin de semana del 7 al 9 de febrero de este 2025 en Madrid, convocado por la Conferencia Episcopal Española, ha supuesto para nosotros una experiencia muy importante como matrimonio miembro de los Equipos de Nuestra Señora.
Ha sido una gracia inmensa poder dar testimonio de lo que vivimos en dos talleres experienciales que hemos impartido, lo que nos ha permitido acercarnos a las demás vocaciones que muestran esa respuesta a la llamada que el Señor nos hace en un momento concreto de nuestra vida, con su “ven y sígueme”. Todo este estupendo proyecto de vida que nos ofrece el Señor, nos ha animado a responder al desafío que supone vivir la grandeza del matrimonio en nuestra época.
Ya decía el Papa Benedicto XVI, que el sacramento del matrimonio es de por sí una buena noticia, y eso es lo que hemos testimoniado: esa alegría que contagia el saberse llamado por Dios a esta aventura de santidad tan formidable que es el matrimonio.
No sólo hemos podido dar testimonio y razón de nuestra vocación, sino dar visibilidad a lo que ha supuesto para nosotros vivir nuestro matrimonio en los Equipos de Nuestra Señora. Ha sido como abrir esa puerta a la esperanza de saber que es posible vivir el amor conyugal y el amor a Cristo en nuestra vida y llevar este tesoro a aquéllos que no lo conocen.
A lo largo de estos días, hemos podido conocer distintas vocaciones tanto a la vida sacerdotal, como a la vida consagrada, incluso tantos laicos que viven su vocación en distintos ambientes y realidades y que muestran la riqueza que tiene la Iglesia, pero con un denominador común que supone la respuesta a ese «para quién soy».
Pero lo vivido hay que hacerlo carne y vivir nuestra vocación y misión como un reto al que, día a día, el Señor nos llama. Por eso desde estas líneas os animamos a seguir trabajando allí donde Él nos lleve, pues como dice el Papa Francisco, la vocación y la misión, aun siendo cosas distintas, son inseparables para la felicidad y plena realización de uno mismo. Es decir: «una acción misionera que no nace sólo de nuestras capacidades” –o de nuestra voluntad–, sino «de una profunda experiencia con Cristo». Sólo así podremos convertirnos en testigos, como los dos discípulos de Emaús, que “con corazón ardiente escuchan a Jesús mientras les explica las Escrituras a lo largo del camino».
Ver en este Congreso a jóvenes que están perdiendo su vida un fin de semana, para dar a conocer que todo tiene un sentido y que ese para quién soy, lo llevan impregnado en todo lo que hacen motivando así el deseo y la necesidad de vocaciones, ha sido un estímulo para nosotros al contemplarlo. En definitiva, no estamos solos.
Sin duda, es bueno que todos encontremos nuestro camino en la vida, es decir, qué rumbo tomar y, sobre todo, discernir qué es lo que quiere Dios de cada uno y así descubrir poco a poco el sentido del peregrinar en este mundo. Como equipistas, podemos y debemos, todos juntos y en comunión, seguir remando mar adentro en esa barca que es la Iglesia, para hacer que otros puedan experimentar la belleza de la vocación al matrimonio, como respuesta a la llamada que el Señor nos hace a la santidad… ¡Bendito sea Él por siempre!
En Madrid, a 09 de febrero de 2025.
Raúl y Carlota
Responsables Regional de Centro Equipos de Nuestra Señora


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